28/3/12

I will. Mintió.

-   Call me if you come back to NY.

-   I will. For sure.

No tenía su teléfono, ni su nombre. El único hilo del que empezar a tirar era el programa de mano del teatro. ¿Estaría su foto?

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Union Square era el decorado de una película europea con pretensiones hollywoodienses.  Salpicados por el parque, varios comerciantes ofrecían sus productos cultivados a menos de 50 km. La misma carpa de lona blanca se repetía una y otra vez en lo senderos que cumplen la múltiple función de centro de día para vagabundos, atajos para ejecutivos, resguardo de pensionistas sin ganas de irse a Florida y jóvenes desocupados cuya única posesión es una enorme mochila. Las mismas carpas blancas en las que cualquier familia de clase media ha celebrado la comunión de un primo o el cumpleaños de la abuela.

La variedad de colores y olores de un mercado de frutas supone un extraño respiro en mitad de la semana en uno de los nudos turísticos de la ciudad. Es posible que el movimiento por la comida orgánica de la capital de mundo quisiera recrear esos mercados caóticos de América Latina, orgía de colores, sabores y olores. Sin embargo, en mitad de la isla de Manhattan es fácil tener la sensación de que todo está tan organizado que no hay lugar para tu duda o tu forma de hacer las cosas. Un decorado en el que los clientes sólo pedirán sus zanahorias cuando el encargado de figuración grite: Action!

Y ahora empezaba a llover. Y nada cambiaba. Salvo que de debajo de las piedras surgen vendedores de paraguas y algunas trabajadoras de camisa blanca los improvisan con sus maletines. Allá donde fueres haz lo que vieres. Él, como los locales, decidió ignorar una lluvia que dejaba Galicia a la altura de un secarral. Se acercó a uno de los puestos. Pagó dos dólares por una manzana roja. Y sonrió. Por comerse una manzana en el corazón de la Gran Manzana.

Con el último mordisco se acercó a la esquina del teatro. Nervioso. Le habían recomendado el espectáculo como una experiencia cambiavidas. Su posición de turista solitario le permitía ser observador y parte. Disfrutó la sensación de libertad que supone el que nadie te conozca. Dejó las compras que había hecho esa mañana en el guardarropa y entró al teatro dispuesto a todo.

El espacio estaba vacío, el público de pie. Un montón de técnicos movían de un lado a otro estructuras, cortinas, altavoces, sillas, confeti, actores, bailarines. Música electrónica. Como en una extraña mezcla de danza de abejas y deriva marítima, fue transitando estados de ánimo, emociones y sensaciones hasta convertirse en parte del espectáculo. Era teatro y era una fiesta; era catarsis. Él se sentía hipnotizado. En un momento determinado uno de los actores le abrazó como se abraza a quien le debes un favor que sabes que no devolverás y juntos se pusieron a botar al ritmo de la música. Y empezó a llover. Dentro del teatro como fuera. Manos en alto. Cabeza atrás. Agua. Música. Latidos. Manos y ojos de extraños. Libertad. Agua. Sus gafas cayeron al suelo arrastradas por la lluvia artificial. Éxtasis. Música. Beat. Parecido al sexo. Pero mejor. Tribal. Unas manos le devolvieron sus gafas.

-  He doesn't care! Exclamó una sorprendida sonrisa.

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Se cambió de ropa en el cuarto de baño. Tuvo que estrenar sus compras antes de lo que pensaba porque el peso de sus prendas mojadas apenas le permitía moverse. Se sentó en la calle en una ventana del teatro. No podía abandonar ese lugar sin más. Necesitaba... transición.

Una mujer joven le pidió fuego al verle fumando. Neoyorkina, ajena. Ni siquiera estuvo seguro de haber visto sus ojos. Salió su amigo.

-  My goodness, you 're the one of the glasses!! You changed your clothes.

-  Yes. Contestó él tímidamente.

-  You really enjoyed the show.

-  Absolutely.

-  It is great to see someone like you. I work on the show. People like you helps us in our job.

La neoyorkina comenzó a caminar intentando empujar así a su amigo.
El neoyorkino clavó sus ojos en los de él. Ambos bajaron los párpados como solo los actores y las divas a saben hacer.

-  Would you like to see it again?

O, tal vez: - Would you like to see me again?

-  Hope so. But I'm leaving NY tomorrow.

-  Call me if you come back.

-  I will. For sure.

Sonrieron. Ambos sabían que era mentira. Ambos fantasearon esa noche con un reencuentro. Ambos tuvieron varias noches, cada uno a un lado del Atlántico, para idealizar al otro. Ambos creyeron, años después, que se habían cruzado por la calle.



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